viernes, 9 de julio de 2010




LA MUJER QUE ACOMPAÑO A VICENTE DE AMETZAGA

Cuando Ama, tras la reciente muerte de Aita, me comentó y me pidió ayuda para su Proyecto de grabar en cintas de Audio (cassettes) su vivencia junto con Aita y nosotros, sus hijos, en ese momento me di cuenta de su visión y alcance de querer transmitir para que perdurara, todo lo que significo para ella su vida con Aita.

Para mi, Ama, fue La mujer que acompañó a Vicente de Ametzaga Aresti, esta frase tan sencilla encierra lo que yo como hijo, vi, entendí, sentí, y compartí, lo que significo para Aita tenerla a ella como su esposa, y para mi, como su hijo, lo que significó tenerla como madre.
Las dificultades que les tocó compartir en la vida los unieron en una forma muy especial, muy fuerte, complementandose ambos en todos los ámbitos, con un pasado lleno de recuerdos y el futuro de la ilusión del regreso a Euskadi. 

Ama se proponía y dedicaba a determinadas tareas y esa perseverancia es la que hizo posible, en el caso de las obras inéditas de Aita,  ordenar y recopilar  todo el material no publicado que tenia Aita en su escritorio. Ella se dedicó, dentro de su dolor reciente tras la casi repentina muerte de Aita, a recopilar, ordenar y colocar de su puño y letra, las notas y fechas a los diversos y dispersos artículos de prensa y demás materiales que Aita tenia para sus proyectos futuros de publicación.

Ama, encerrándose sola en la Biblioteca, con todo el dolor que le representaba, por los recuerdos de toda una vida junto al hombre al que supo acompañar, no hizo sino lo que ella consideraba que tenia que hacer, por su amor, admiración, y su total dedicación, al hombre de su vida.  

Tal tarea de recopilar y ordenar todas las obras de Aita, es lo que ha permitido una parte de las publicaciones que se han hecho sobre Aita en libros, y recientemente el Sitio en Internet que lleva el nombre de Vicente de Ametzaga Aresti, único sitio de referencia total, con su biografía, y con toda su Obra totalmente publicada, posibilitando de esta manera, un potencial alcance en la difusión Internacional a través de Internet, siendo hoy en día el sitio de referencia de la vida de Aita que publica sus obras completas.

Yo, su hijo, no hubiera podido realizar la creación en Internet del sitio que lleva el nombre de Aita, sin este trabajo que ella en forma callada, anónima y con total entrega lo hizo sin buscar nada  a cambio, ni reconocimientos ni figuración, simplemente lo hizo.

En un baúl azul metálico que compro en USA, colocó todo el material recopilado de la obra de Aita y lo ordenó según su criterio. 

Habiendo nacido Ama, en Las Arenas Bizkaia (Vizcaya), el 10 de Septiembre 1905, en los años incipientes del Siglo XX, adquirió una formación típica de las mujeres vizcainas de esa época,  sin embargo, tenia una inteligencia natural, sentido común y un saber estar, poco comunes para mujeres de su generación y, quizás por ello, supo acompañar a Aita, y llevar el hogar en todos sus detalles.

Tuvo que buscar y levantar siete casas y apartamentos en los cuatro países en que le toco vivir. Como decía ella “Si yo ya tenia la  casa puesta en Sopelana, preparada, para mi vida después del matrimonio”. 

Tuvo sus hijos en tres países diferentes: sus dos hijas mayores, Mirentxu y Begoña en Francia;su tercera hija, Arantzazu, en Argentina y sus dos hijos varones, Joseba Bingen y Xabier Iñaki, en Uruguay. 

Tras oír la narración que ella hace en los 12 cassettes, nos cuenta a todos los que  las escuchamos sus momentos de alegría y de tristeza. Narra con total franqueza aquellos instantes que le hicieron sentir orgullosa, las vivencias cotidianas, pero también las situaciones que la hicieron sufrir, quebrándosele la voz cuando relata tales detalles.

Siendo Ama una persona muy entera y muy asentada, con una visión realista de la familia y que solo habla de  Aita y de nosotros sus hijos, dibujó muy claramente las situaciones y actuaciones que describe.

El hecho de haber tomado la decisión de recopilar y ordenar todo el trabajo inédito de Aita en medio de su dolor por la reciente muerte de quien fue el hombre y esposo de toda la vida y, por otro lado, el hecho de grabar los 12 cassettes y escribir en 9 cuadernos toda la vida de ella y de nosotros como familia hasta la fecha de la muerte de Aita, nos dice quien era esa persona. Por ello he titulado este homenaje “La mujer que acompaño a Vicente de Ametzaga Aresti”.

Ama y su papel en nuestra Familia

Ama tomó las riendas en lo que a llevar la familia se refiere, le tocó por poco tiempo encontrar y empezar con el apartamento de París, luego el de Buenos Aires, poco después el primero de Montevideo, que al resultar pequeño ante la llegada de Mirentxu, nos mudamos a uno precioso y con una excelente ubicación. Y en Caracas, la busqueda de otros tres apartamentos, hasta la adquisición en propiedad de ultimo, Residencias Country.

Mis recuerdos se centran mas en Francisco Araucho, por lo que significaba ya como familia, las vivencias diarias, el levantarse todos para ir a los colegios, las salidas a la placita Varela, y los paseos a la finca de Biraben. Esos años fueron de consolidación de todos nosotros como familia, prueba de ello, lo duro y doloroso que fue para todos dejar Uruguay, cada quien lo tuvo que asumir lo mejor que pudo.

Ama tuvo una vida social muy activa en esos años, se sentía feliz y muy a gusto y reconocida, como nunca lo fue en ningún otro país, No en balde me decía que a ella le hubiera gustado estudiar la carrera de Diplomacia. 

Al abandonar Uruguay, sola, tuvo que enfrentar toda lo concerniente a la liquidación en remate de todo lo que habían atesorado en los años de vida en ese País, que tanto les dio, y donde nacieron sus dos hijos varones.

La estancia de Ama en Euskadi fue difícil para Aita debido a la imposibilidad de realizar el proyecto de trabajo en los archivos de Iparralde, pero especialmente para Ama, por la decisión de Begoña de permanecer en Euskadi.

Mirentxu disfruto un tiempo de la compañía de su hermana Begoña, mientras que Arantza, tras una corta estadía en Las Arenas, fue la primera que regreso A Venezuela. Bingen y yo vivimos dos años en San Sebastián y disfrutamos de una total libertad de acción que nos marcó para toda la vida. Yo como hijo, me sentí sin ningún tipo de querencia o compañia, excepto las de Bingen y Conchesi, quien me tomó mucho cariño.   

Después de la breve estancia en Euskadi, Ama empezó una nueva etapa de su vida en Venezuela junto con Aita, esta vez sin los hijos. De nuevo le tocó a Ama reiniciar y empezar en Caracas la búsqueda de apartamentos y la mudanza en tres ocasiones, a medida que los hijos íbamos llegando de Euskadi, hasta que finalmente, adquirimos el apartamento en Residencias Country, querido hogar donde se celebraron las bodas de Mirentxu y Arantza y fue la ultima morada de Aita. Todo esto se logró en tan solo 14 años de estadía en Venezuela, dada la capacidad de administración que poseía Ama y con el aporte de los sueldos de Aita y todos los hermanos, pero en especial de Arantza, quien aportaba la totalidad del sueldo.

Yo diría que fue la época madura de nuestra familia, alegrías por las bodas, graduación de estudios de los hijos, la consecución de una casa propia por parte de Aita, que les dio  a ambos gran satisfacción  por la meta alcanzada,  publicación de la mayoría de sus libros y, además, un nuevo capitulo en la vida intelectual de Aita con total dedicación a la investigación histórica, alcanzando renombre es este campo en Venezuela. Finalmente, el drama por la ida de Aita.
En todas estas etapas, Ama fue rectora y ejecutora de decisiones y pasos que se tuvieron que dar.


Ama y sus hijos.

Como yo lo viví, y así lo recuerdo, Ama se sentía orgullosa  de todos nosotros y nos prodigaba una justa relación de amor según cada quien lo podía necesitar.

Aquí debo resaltar un hito en la vida de Ama que fue nada menos que la alegría del reencuentro en Montevideo con su hija Mirentxu de nueve años de edad, tras siete años de dolorosa separación debido a las guerras. Ama, con mucho amor, la apoyó y ayudó a su adaptación a nuestra familia. Ambas pusieron mucho de su parte para superar esa etapa y considero que entre madre e hija lograron algo muy especial.  

Durante el período de dos años en el que a los hijos nos tocó vivir en Euskadi, Ama y Aita ciertamente no nos acompañaron y, quizás por la carencia de ese cariño maternal, Bingen y yo nos unimos mucho como hermanos. Hicimos una vida de total libertad, saliendo de excursiones al monte y en contacto con la naturaleza. Esto me marcó para toda la vida y aun hoy en día lo sigo haciendo.

Ama, en sus grabaciones, que son su diario de vida, habla de todos sus hijos y de lo orgullosa que se sentia, de cómo cada uno de nosotros, le correspondimos en nuestro actuar, en la vida de familia y en los pocos o muchas satisfacciones que le pudimos dar a nuestros Aitas, Mirentxu, con su decisión a los 9 años de edad, de vivir con los Aitas, Arantza con su acompañar y soporte a ellos a veces en momentos difíciles, Bingen graduandose de medico, cosa de la que Ama se sentia orgullosa, Lo que siempre todos quisimos es que Begoña estuviera presente, colocando la silla vacia en la mesa de las cena de las Navidades. Esa añoranza se cumplio en Diciembre del 2008, todos los hermanos pudimos estar juntos en una mesa de navidad, con Aita y Ama presentes, en nuestros recuerdos.  

Por mi parte, en la etapa de la viudez de Ama, puedo decir que nos unimos mucho, y ella me hablaba mucho de sus cosas, dentro de la sencillez y comodidad de una relación distendida que estuvo marcada por salidas, paseos y viajes, ya que nos acompañamos mucho en los años convivencia como único hijo soltero en el apartamento del edificio Friuli en Caracas.

El saber estar de Ama, tal como yo lo digo, era una compañía, siempre estable con opiniones y decisiones y consejos, nunca tuvimos ninguna riña, ni nada parecido.  

Intenté acompañarla lo mejor posible en su etapa de viudez en Caracas y en Pamplona y esta relación especial quizás ha facilitado mi decisión de hacerle este sencillo homenaje. Creo que es la mejor satisfacción que le puedo dar a Ama.

Ama en su dia a dia

Como hijo, es tan facil y tan dificil, hablar del Ama, que no sea claro, relatos de amor, comprension de una madre hacia sus hijos, ya bastante trillado el tema,  La vida del dia a dia, en forma de sencillos hechos, es lo que pueden mejor reflejar la personalidad y el actuar de Ama. 

El acompañar a Aita en silencio a su lado en la biblioteca, haciendo labores, es una de las imagenes que tengo presente, Por eso, los libros y escritos de Aita tienen ese silencio y ese calor de compañia.

Ama cosia vestidos a las hermanas cuando pequeñas, y en la foto en que estamos todos en Montevideo, en los dias de la despedida a Uruguay, Mirentxu y Arantza estan con vestidos confeccionados por Ama.   

Desde las tareas, de coser, cocinar, tambien tapizaba los muebles, con martillo y tachuelas, que cosa curiosa me pedia que le acompañase a ferreterias que a ella le gustaba.
Comparti con ella el gusto por salir de compras, e ir a casa de Americanos, Arantza por sobre todo, acompañaba a Ama, y asi amueblo la actual casa de Alzuza.

En mi caso, hicimos bastantes compras para equipar el pequeño apartamento del Edificio Friuli, apartamento de soltero que yo tenia, y que compartiamos en las temporadas que ella vivio en Caracas en su etapa de viudez.

Ella sabia manejar las situaciones de dificultades, normales en toda familia,  como malas notas de colegio, y cosas parecidas, propias de todo joven en epoca de desarrollo, y de rebeldia, Lo manejaba y resolvia todo para que Aita no se enterara, eso fueron todos los grandes problemas que como hijos les dimos a ellos, simplemente porque nos dieron amor y confiaban en nosotros, nosotros correpondiamos dentro de nuestro mundo de jovenes, con inquietudes propias de la edad.

Ella escondia a Aita el hecho de que yo saliera a pasear en moto, cosa que me gustaba, y aun hoy lo hago, yo guardaba la moto en un closet de lenceria que tenia el Apartamento en el piso 6, Aita nunca se entero.

Ama en su forma de ser, tendia a guardarse las cosas que fueran desagradables para otros, por esa forma de ser, no era concebible tener una riña o gritos o peleas con ella.   
Ama destacaba la importancia a traves de determinadas celebraciones como la Navidad, la union de todos nosotros, ella se esmeraba mucho en la preparacion de platos que sabia nos gustaba a todos, Aita y todos nosotros teniamos buen apetito, asi como se esmeraba en la  presentacion de la mesa de navidad

En nuestros cumpleaños acompañaba a Aita a despertarnos con ruido de cacerolas, en las mañanas de nuestros cumpleaños, rito este creo inventado por Aita.

De las cosa sencillas y alegres por el buen sentido del humor, era lo que prevalecia en todos nosotros, a Ama se le iluminaba el corazon y a todos nosotros,  por esas manera sencilla,  mas no significa ser simple, de llevar la vida en famila, a pesar de dificultades economicas u ocasionales situaciones dificiles  

Ama llevaba la administracion de la casa, buscaba los apartamentos adecuados, las compras, las ropas, los muebles, decoraba la casa, escogiendo los muebles, en fin, era la cabeza rectora y ejecutora del dia a dia del hogar,    

Porque el narrar de las cosas mas sencillas, pude ser lo mas difícil, y a veces la pluma no me acompaña.


La vida de Ama despues de la muerte de Aita, 

Fueron años, en que decidio vivir en las casas de los diferentes hijos, en Washington, Pamplona y Caracas, etapa esta, de mayor acercamiento y convivencia con Mirentxu y Bob, y Arantza y Pello, en sus casas como hijas casadas, obviamente en situaciones diferentes a cuando vivian en casa como solteras, pudiendo ella ahora, disfrutar de sus nietos, y convivir con los matrimonios de sus hijas.

Los recuerdos de los nietos por parte de Irujo, asi me lo comentaron, era que cocinaba muy rico.

En mi caso, en Caracas  y en el tiempo que estuve en Pamplona,  creo que nos acompañamos mucho, saliamos de excursion, la lleve a Merida en un viaje que le encanto, asi como a haciendas del tiempo de la Colonia, retiradas en las cercanias de Caracas, por caminos no muy aptos, tanto asi que en uno de ellos le salio un chichon en la cabeza, por los saltos golpeandose con el techo del Volskwagen, a ella le encantaba, y prueba de ello, que me acompañaba a cuanta salida yo podia hacer. posteriormente con un Jeep aleman de la guerra, con techo de lona, y sin puertas, que cuando  llovia nos empapabamos, pero ella nunca protestaba. 
Como compensacion, la llevaba a la Colonia Tovar a comer una merienda que le gustaba mucho, con torta de almendra, en el Hotel Freiburg

En Pamplona, decidi llevarla a Francia por el camino de Los Pirineos, en un Seat 600 sin calefaccion y con neumaticos normales, en pleno invierno, asi llegamos, y ella me enseño los pueblos donde estuvo con Aita.   

Al igual que con Aita, mi papel con Ama, era de ayudarle en la cocina, pinche, ir de compras al mercado de Chacao ella y yo solos, yo llevando el carrito del mercado,  pasar la pulidora, rayar las papas, pintar los marcos de las puertas, enhebrar las agujas de coser. hacer la jarra de refresco para la comida, y fregar los platos.

Quizas esa relacion al parecer simple, da una comodidad para verse y conocerse con mas profundidad, no es casualidad que los dos Homenajes, que como unico sitio de referencia total de la vida y Obra publicada de Aita, y ahora este primer y unico homenaje a Ama, lo ha hecho quien fuera el pinche de ambos, su hijo menor.  

Sencillo homenaje a Mercedes Iribarren Gorostegui, La mujer que acompaño a Vicente de Ametzaga, realizado por Xabier Iñaki, su ultimo hijo, creador y responsable de la presente iniciativa. 

Fallece en Andorra el 7 de Junio 1980

Homenaje y mi dedicatoria a Mercedes Iribarren Gorostegui, su Esposa y mi Ama

Mis manos quieren hablar

Son mis manos las que quieren hablar, y pidiéndoles permiso, dicen,
queremos hablar de todo lo que hemos visto, oído y sentido en nuestra travesía
y queremos hacerlo usando un lápiz, porque estos traen borrador, así podremos borrar aquello que no sea agradable en esta travesía.

Porque somos nosotras las manos, quienes hemos sentido las manos de mi Ama y de Aita, en mis primeros años, en la placita Varela de la hermosa Montevideo, el lenguaje de las manos de mi Aita tomando las mías. En una fotografía, reflejan un mundo que solo nosotras entendemos.

Porque somos nosotras las manos, quienes hemos leído y leeremos muchos libros, pero mi primer libro Leoi Kumea, lo he leído muchas veces con mis manos, hay libros que se leen con las manos.

Porque somos nosotras las manos, las que hemos sujetado el manubrio de mi primera bicicleta, con la cual iba orgulloso a el colegio de Montevideo; somos nosotras, las que nos llevaban y nos dirijían por las calles, esa libertad que solo la podemos entender nosotras las manos.

Porque somos nosotras las manos, las que hemos sentido las aguas del Atlántico que mojaban las barandillas del barco que me llevo a Barcelona, nosotras tocábamos las gotas saladas, creyéndonos capitanes de mar, visitando muchos puertos.

Nosotras vimos y nos sorprendimos del Pan de Azúcar, desde su mirador, y nosotras tocamos los vividos colores de Bahía con sus 365 iglesias.

Porque somos nosotras las manos, quienes tocábamos la tierra del monte Ulía, en Donosti, cuando hacia excursiones, a veces escapándome del colegio, y hemos tocado las gotas del mar en la desembocadura del río Urumea, cuando las galernas golpeaban.

Porque somos nosotras las manos , que hemos dominado las vibraciones de mi primera motocicleta en Caracas, que se mostraba con su incipiente crecimiento urbano, a través de sus múltiples urbanizaciones, mayormente en sus alrededores, creyendo nosotras descubrir remotas cuevas, nuevos caminos para mí, pero eran viejos caminos andados y desandados por mulas, que solas, sabían llevar y regresar con sus cargas ... Todo eso lo palpamos nosotras desde el manubrio; nosotras tenemos imaginación, guardamos recuerdos y por eso escribimos, y nos llegaban los diversos aromas que nos regalaban las casas de campesinos con su cafecito recién colados, con su molienda de caña en trapiches de altas chimeneas, caminos salpicados de bodeguitas, sitios de encuentro, de aprovisionamiento y de las mas exquisitas empanadas de carne molida, con su infaltable café negrito; a nosotras, las manos, nos gusta escribir de estas cosas sencillas, pero grandes para quien las sepa entender.

Porque somos nosotras las manos que hemos sujetado el volante de mi primer jeep en la Gran Sabana, por agrestes caminos de tierra rojiza de la mas antigua formación geológica de la tierra, fuimos nosotras quienes tocamos esa tierra y a las que nos invitaron a tendernos en el suelo en la noche a ver las estrellas en el cielo, el mas lleno de estrellas, y constelaciones, dicen porque no hay contaminación en esas vastas sabanas, pero nosotras lo entendimos de otra manera, la distancia entre las manos y el corazón es muy corta.

Porque somos nosotras las manos, que hemos visto las densas selvas de Guatopo, encontrando antiguas haciendas cafetaleras abandonadas, con sus barracas para peones y con su propia moneda para la compra de bienes dentro de ellas, en su propia tienda, que aun conservaba los letreros despintados de lo que vendían, así como de las estanterías de madera desvencijadas, pero con mucha historia de las conversaciones, y sueños de aquellas personas, todo eso lo hemos tocado nosotras, no hay sensación como esa, palpar mas que tocar, una historia contada por los muros, recubiertos por musgo, hiedras y raíces de la selva, pareciera que la selva, le quiere dar otra vida abrazándolo todo.

Porque somos nosotras las manos, que hemos acompañado en muchos paseos a Aita por los campos de golf de Caracas, entre las casas mas adineradas, recolectando deliciosos mangos de esos árboles frutales traídos desde la India, con los que Ama hacia mermelada, esa mermelada en su sabor, tenía las conversaciones de Aita conmigo

Porque somos nosotras las manos, que hemos sentido la mano de mi hijo en paseos desde la calle Iturrama, hasta la parte vieja de Pamplona, solo nosotras sabemos mantener ese dialogo.

Porque somos nosotras las manos, que hemos visto, conocido, sentido y enamorado a la mujer que amo, compañera de mi vida en Caracas, en un lenguaje que solo las manos son capaces de decir, hacer y entender.

Porque somos nosotras las manos, que acampamos, con la compañera de mi vida, solos los dos, los 31 de diciembre de cada año, en los fríos páramos de los Andes de Venezuela, rodeados de frailejones, envueltos en mantos de la niebla, que todo lo esconde, a unos 2 grados centígrados; somos nosotras las manos, quienes padecemos del frío, pero otras manos nos dan cobijo, calor y amor. Esta sensación recoge una intimidad, que como un lenguaje solo se puede escuchar en la soledad y silencio de estas montañas.

Mis manos quisieran tocar una obra en un piano imaginario, con sus 88 teclas, con sus combinaciones infinitas, para dar cabida a todo lo que han visto, leído, sentido y escuchado, es tanto.... que a veces nosotros las manos, quisiéramos borrar, reducir, pero mi alma no nos da permiso para borrar, por que ella dice, que es muy fácil deshacer ... lo difícil, es escribir sobre algo que deje huella.

Y a nosotras las manos, nos gusta al viajar ver, mirar a otra manos, hemos visto otras manos, las manos de campesinos haciendo a mano las tejas de barro, sobre sus propias rodillas para darle la forma que permita que toda el agua de lluvia escurra, sobre los techos.

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, las manos de las doñas de los caseríos y en pequeños pueblos, amasando la masa de maíz, para hacer las arepas,

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, las manos que ordeñan a las vacas, con un cancionero muy particular para amansar. En una comunión muy especial, pocos trabajos se pueden entender o hacer, a mano, si no lo acompañamos de sensibilidad.

Y porque nosotras las manos, hemos visto otras manos, que recogen las cosechas, solo a mano se puede hacer la recolección de ciertas cosechas en viñales o en campos de cultivo.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, tocar el arpa y el cuatro, acariciando las cuerdas, solo como nosotros sabemos hacerlo. Nosotras al estar muy cerca del corazón, sabemos que esa música llega al corazón de aquellas muchachas y muchachos, que se engalanan en las fiestas patronales de pueblo.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, las de una anciana que desde muy niña aprendió a tejer en el telar de la casa paterna, hecho a mano de madera local, y a cardar, también a mano, la lana de oveja, tradición y costumbre de muchos años, en un pueblito de los Andes venezolanos,

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, construir los bloques de tierra cocida, secados al sol, como en panelas, así hacen sus casas de muros desde tiempos de sus padres, y estos de sus padres, el lenguaje del orgullo de hacer sus casas a mano, es lo que dicen sus rostros, sin necesidad de que ellos nos hablen.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, recoger los granos del aromático café, cultivados a mano en frondosas montañas altas, café de sombra, así lo llaman, luego lo llevan a trillar a mano y luego lo secan, bajo al ardiente sol, en los techos y patios de sus casas, esparciéndolos, como queriéndolos barrer con una especie de pala amplia, todo a mano, No hay cafecito negrito de mas sabor, que aquel que en humildes fogones de leña, se cuela, con aroma del amor de las manos que lo cosecharon y cuidaron de él. Ni detalle mas dulce que el azúcar morena extraída de la caña de azúcar, así la llaman por su color; cafecito con papelón, así lo ofrecen en humildes tacitas de peltre.

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, ofrecernos cobijo y alojamiento, en humilde casa de campesinos, sin mas interés que el ofrecer amparo, cobijo y comida, ante un palo de agua, en plena montaña, que nos dejó varados en el camino, compartiendo en la cocina la cena que la doña de la casa tenia preparada para ellos, nosotras, no hemos conocido cena mas deliciosa que aquellas cachapas hechas a mano, por aquellas manos que podían contar muchas historias en la dura vida de las montañas, habitadas por casas con paredes de bahareque, humeantes por sus hornos de leña. Esas personas no nos conocían, ahora nosotros si conocemos esas montañas con forma y calor humano.

Y porque somos nosotras las manos, quienes hemos sentido las manos de Ama y de Aita, que nos acompañaron en nuestra travesia, desde mis primeros años, en la placita Varela, hasta el momento en las que ya las manos de Aita no estaban, vimos y sentimos como las manos de Ama, sufrian, pero con temple, esas manos se dedicaron a hacer una labor deliciosamente intima en honor y homenaje a su compañero de toda su vida,

Y porque nosotras las manos, hemos visto a otras manos, las manos de Ama, acometiendo la extensa labor de recoger, reordenar y preservar de este modo, y para todos nosotros, todos los articulos de Aita, no publicados, dispersos en cajones , que de otro modo se hubieran perdido, lo hizo en forma callada, sin esperar nada, dentro de su dolor reciente, y encerrada en la bibiolteca de Aita. Nunca incluyo su nombre o hizo alarde de esa labor, simplemente la hizo, Ese baul en que ella encerro todo ese material ha servido como fuente o material para publicaciones de todos nosotros sus hijos.

Y porque nosotras las manos y gracias a otras manos, las manos de Ama, nos han permitido la Creación del Unico sitio en Internet, que lleva el nombre de mi Aita, como el mas completo homenaje, e hito, el cual  permite la potencial difusion internacional de su vida y obra, cerrando un ciclo que comenzo en 1901, siendo, de referencia completa de su vida y su Obra, totalmente publicada en Internet, Poesias, Articulos de Prensa, sus Libros, completando asi, y cerrando todo lo que se habia escrito en libros sobre el y su vida

Y porque nosotras las manos queremos hablar, tomando un lapiz,.y solo escribir que este homenaje en Internet, lo hemos hecho y dedicado en homenaje a Ama, sin ella, este sitio en Internet, no hubiera sido posible.
Y porque nosotras las manos, no hemos tenido que pedir permiso a  mi alma para borrar, No hemos tenido que usar la goma de borrar, por que ella dice, que es muy fácil deshacer ... lo difícil, es escribir sobre algo que deje huella.
Y porque nosotras las manos, sabemos que todo lo que se hace con las manos, es el lenguaje que el alma tiene para hacer las obras del hombre.
                                                 Xabier Iñaki Ametzaga Iribarren


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